En el día a día siempre encuentro motivos para constatar lo feliz que soy. Sí, puedo decir sin tapujos que soy muy feliz. En esta sociedad en la que parece que lo que está bien visto es hablar de los problemas, de las cosas que no nos van bien, de las enfermedades, de las dificultades... yo me atrevo a gritar a los cuatro vientos que soy feliz, muy feliz. No hablo de ausencia de problemas. Como ya dije en el post anterior ("Los tres pelos del hombre feliz") creo que esa situación no existe en la vida del ser humano. No hablo de ausencia de momentos de bajón, o de momentos en los que las cosas no salen como desearías. En mi vida hay momentos de ese tipo, por lo que no puedo ser tan ingenua como para negar que existen. No. Hablo de una felicidad que, como recordé en mi post "¿Carece de Problemas? lotería de la vida" (de Noviembre de 2009), consiste no en carecer de problemas, sino conseguir que esos problemas no alteren la serenidad de la base del alma. Hablo de una felicidad que se instala en la base del alma, como cimiento de la vida que deseas vivir y construir. Una felicidad buscada, una felicidad cultivada, una felicidad construida.
¿Por qué les comento esto? Miren, este Viernes me reincorporo a trabajar. Me reuniré de nuevo con mis alumnos del programa de formación "Experto Superior en Coaching Profesional", en Zaragoza, del que soy Directora de Programa. Mi niño es muy pequeño aún (tiene 2 meses y 1 semana) y la verdad es que me da un poco de dolor dejarle durante dos días para dar formación. Sin embargo, y aunque se que será duro estar tantas horas sin disfrutar de mi bebé, me reincorporo con muchísima ilusión. El programa está resultando un éxito total, los alumnos están encantados, aprendiendo muchísimo de las competencias y habilidades de esta bella profesión y (lo que a mí más me alegra), aprendiendo muchísimo de ellos mismos y creciendo mucho a nivel personal.
Y este módulo es especial a más no poder. Para mí el más especial de todos junto con el de Patrocinio. Este módulo les enseñaré a trabajar los Valores y las Creencias del Coachee. Es el más especial porque no hay nada más bonito que llevar a la persona a alinearse con sus valores más profundos. Vivir tus valores es vivir tu felicidad.
Vivir tus valores.
En mi trabajo diario con mis clientes constato que la mayoría de las personas creen saber cuáles son sus valores más importantes, pero la realidad es que cuando les preguntas por ellos descubren que realmente no se lo han planteado nunca, por lo que no saben cuáles son e incluso, aunque puedan definir de nombre, no le han dado un significado exacto al valor. Por ejemplo, la persona puede saber que el valor importante para ella es la solidaridad, pero nunca se ha preguntado ¿qué es la solidaridad para mí?, ¿en qué se traduce exactamente? Porque mis lectores me lo lo han oído decir muchas veces: los valores se traducen en acciones concretas. De lo contrario, son valores de boquilla, placas de mármol que adornan la entrada de nuestras almas, o de nuestras empresas.
Cuando la persona es llevada a explorar el territorio fértil de sus valores, cuando es impulsada a vivir el día a día en acciones que honren a sus valores, cuando siembra acciones que germinarán en valores que desea vivir... entonces realmente está construyendo la vida que quiere, está recogiendo el carnoso fruto de la felicidad.
Amable lector, le propongo un ejercicio de Auto-conocimiento y Coaching:
1.- tome un papel y bolígrafo. Escriba una lista con valores que se le ocurran (escriba como mínimo 20 valores)
2.- de esos valores que han salido de su mente, respóndase a esta pregunta: "¿Cuáles son mis valores más troncales?" Busque tres o cuatro.
3.- a continuación, para cada valor, respóndase a esta pregunta: "¿Qué significa para mí este valor?" y desglóselo un poco, de manera que lo vaya concretando (para evitar que se quede en algo abstracto, o tan grande que no sepamos cómo abordarlo)
4.- una vez realizado el paso 3 (para cada valor), respóndase a estas preguntas: "del 1 al 10, ¿qué nivel de satisfacción tengo a día de hoy con este valor?"; "del 1 al 10, ¿qué nivel de satisfacción me gustaría tener con este valor?"
5.- y, finalmente, respóndase: "¿qué acciones concretas puedo emprender hoy mismo para vivir más plenamente este valor?" y hágase un plan de acción con 2 ó 3 acciones que pueda vivir hoy para reforzar ese valor.
Si lo hace, le puedo asegurar que esa noche dormirá más tranquilo, porque habrá honrado a sus valores. Y le puedo asegurar... que entonces será más feliz... aunque sepa que se arriesga a vivir a contracorriente. ¡¡¿Se atreve?!!
lunes, 3 de mayo de 2010
Viva a contracorriente: Sea Feliz
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