viernes, 8 de octubre de 2010

Somos lo que aprendemos

Somos fruto de nuestras experiencias. Estas van conformando nuestros pensamientos, nuestras actitudes, nuestra forma de ser, en definitiva.

Hace unos 15 años yo era monitora de adolescentes. Llevaba grupos de chavales, con la intención de ayudarles en su camino en esa etapa tan dificil y, a la vez, tan preciosa que es la adolescencia. En esa edad se forja la persona. Bueno, realmente creo que la persona se va forjando durante toda la vida. En esa edad uno comienza a descubrir quién es, o al menos a preguntarse sobre quién es.

Recuerdo en cierta ocasión que estabamos pasando un fin de semana en la naturaleza con chavales de unos 14-15 años. Y me tocó un grupo en el que, rápidamente, comprobé que había una chica de 14 muy pintada, con ropa muy llamativa. Esta chica estaba todo el rato insinuándose a los chicos, con la risa muy floja, pegándose a ellos. Imagino que habrán visto alguna vez a una adolescente desplegando todos sus encantos para atraer a los chicos. Pues así estaba esta chica.

Y yo pensé: "Vaya, ya me ha tocado en el grupo la niña tontita que a lo único que viene es a ligar. Ya verás como me fastidia el grupo". No comparto el pensamiento orgullosa de mí misma, sino con sinceridad: eso es lo que pensé. En fin, seguimos con el grupo, con las actividades. Y yo seguía por dentro con mi opinión sobre esta chica. ¡¡¡Cómo llamaba la atención!!

Llegó la hora de la comida y la bendita niña se sentó al lado de mí ("¡¡Vaya por Dios!!"). Comenzamos a hablar. Y de repente, me dice: "Hace dos meses que mi padre nos abandonó a mi madre y a mis hermanos. Se fue de casa y, desde entonces, no sé si está tirado en una acera muerto, o si está en Cancún divirtiéndose con una mulata". Por favor, relean lo que me dijo esta niña, porque... ¡¡¡cuánto dice en tan poca frase!!

En ese momento sentí una vergüenza infinita. Yo, que iba de monitora, a enseñar a los chavales... había juzgado con tanta dureza el comportamiento de esta niña. Y su actitud, ahora lo veía, simplemente estaba condicionada por esa necesidad de ser amada tan inherente al ser humano. Una persona que es abandonada de esa manera busca, mendiga, suplica, unas migajas de amor.

Ese día aprendí una de las lecciones más importantes de mi vida: "Élida, ante todo no juzgues. Primero acoje a la persona, escúchala, conoce sus circunstancias más profundas. Y después, sólo después, y si no puedes evitarlo, juzga".

Esa lección se ha convertido en una de las claves de mi marca personal, de cómo soy yo en el mundo. Y lo he convertido en valores troncales para mí: respeto, acogida, sencillez, cuidado, amor.

Ahora, cuando tengan la ocasión, les pido un favor: antes de juzgar... miren más allá y, sobre todo, escuchen primero a la persona.

Decía Bernanos: "Si conocieramos el por qué de todas las cosas, tendríamos compasión hasta de las estrellas"

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