jueves, 28 de octubre de 2010

¿Y cómo digo que NO?

Estos días estoy inmersa en la formación que estoy impartiendo en la Escuela Tecnica de Forestales de la Universidad Politécnica de Madrid. Por segundo año consecutivo estoy formando a una quincena de alumnos en el programa Formación en Habilidades y Competencias Profesionales. Un programa apasionante, interesantísimo, en el que los alumnos mejoran competencias profesionales como la comunicación, la escucha, la asertividad, el liderazgo, la motivación, la gestión de conflictos, la gestión del tiempo, la proactividad, el alinearse con sus valores troncales, el hablar en público, etc. Los alumnos están movilizando muchas cosas en su interior y, estoy convencida de ello, están generando cambios que les llevarán a ser mejores profesionales en aquellos puestos de trabajo que el futuro les depare. Además, ellos son totalmente conscientes de cómo esos cambios que están generando les están beneficiando ya en su vida diaria: amistades, familia, estudios, trabajos, relación con ellos mismos (confianza, autoestima, motivación, etc.).

Estoy contentísima porque es un grupo muy entregado, muy ávido de conocimientos y dispuesto a poner en práctica todo lo que aprenden desde el minuto cero. Con alumnos así, da gusto trabajar.

Y el próximo Martes trabajaré con ellos la Gestión del Tiempo, uno de los temas estrella para la mayoría de los profesionales de la actualidad. Recibimos demasiados bit de información diarios, correos electrónicos, llamadas de teléfono, reuniones, etc. Todo eso hace que, en la actualidad, la gestión del tiempo sea una asignatura pendiente para muchos profesionales, su talón de aquiles. El correo electrónico, por ejemplo, genera en muchísimas personas estrés y sensación de impotencia, cuando se ven incapaces de tener la bandeja de entrada a cero y se les acumulan correos y tareas pendientes. La gestión del tiempo implica, para muchas personas, grandes fugas de energía.

Y muchísimos profesionales que necesitan gestionar bien su tiempo tienen un grito común: "¡¡Necesito aprender a decir NO!!". Ud., ¿sabe decir NO?

En mi práctica diaria como Coach he observado algo que puede parecer muy sencillo, pero que la mayoría de las veces olvidamos. Decir No puede resultar muy complicado cuando hay creencias limitantes en nuestro interior, que ligan ese No con nuestra necesidad de aceptación ("si le digo que no, va a pensar que no me importa", "si le digo que no, se va a enfadar conmigo"), de reconocimiento ("si le digo que no quizás piense que no sé hacerlo", "si digo que no, perderé el ascenso que tanto ansío"), etc. ¿Se reconocen en alguno de estos supuestos?

Aún no tengo la fórmula mágica para la gestión del tiempo, aunque muchas de mis investigaciones van por esa línea. Sin embargo, tengo tres cosas claras que pueden ayudarnos a gestionarlo bien:

+ el tiempo en sí no es nada. El tiempo es igual para todos, el día tiene 24 h para todos. No es el tiempo lo que debemos gestionar. Son nuestras acciones y la dedicación (energía) que ponemos en cada una de ellas

+ el hecho de que elijamos hacer unas u otras acciones pasará muy probablemente por el filtro de nuestros pensamientos limitantes. Si yo soy capaz de detectar qué pensamiento está predominando en mí, qué creencia limitante hay detrás de mi elección, podré tomar mejores decisiones desde la toma de conciencia. Recuerden: las creencias buscan ser confirmadas y dirigen inconscientemente nuestras acciones. Y sólo cuando una creencia pasa al nivel consciente, sólo entonces, las podemos cambiar.

+ el aprender a decir NO pasa por decir SÍ. En lugar de centrarme en lo que No quiero, me centro en lo que Sí quiero. Digo No a esto porque estoy diciendo Sí a esto otro. Hagan la prueba. Decir No simplemente, puede significarles renuncia, pérdida. Y se sentirán mal. Cambien el enfoque y diganse: ¿A qué quiero decir SÍ? Entonces algo dejarán de hacerlo, no porque no quieran hacerlo, sino porque estan haciendo otra cosa más importante.

1 comentarios:

  1. Hola Élida!!
    Me ha gustado mucho lo que dices respecto a que decir no pasa por aprender a decir sí. Voy a intentar centrarme más en comprobar qué es lo que quiero y hacerlo, en vez de quejarme a veces por lo que no quiero.
    Un beso.
    Cris.

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