miércoles, 24 de noviembre de 2010

¿Coaching Flower-Power?

Hace unos días tuve una clase con mis alumnos del Programa de Experto Superior en Coaching Profesional que imparto en Zaragoza.Y uno de los alumnos comentó una cosa que me ha hecho pensar mucho estos días. Hablábamos de las bondades del Coaching, de lo impresionante que resulta el ver cómo la persona genera cambios, de cómo el enfoque es totalmente diferente, puesto que ves a la persona en todo su potencial, con sus recursos. Hablábamos también de cómo esa mejora puede luego repercutir en muchísimos ámbitos. En lo laboral, con mis compañeros de trabajo, con mis jefes, con mis clientes, conmigo mismo en mi proactividad, etc. En lo personal, con mi familia (mi marido, mis hijos, mis padres, mis hermanos, etc.), con mis amigos, en mi ocio, etc. Mis alumnos están comenzando a descubrir el fascinante mundo del Coaching y están sorprendidos de todo lo que se puede lograr con esta metodología.

Y este alumno me comentó que la verdad es que le costaba creer que todos esos cambios fueran posibles, realmente posibles, en el mundo de la empresa. Vamos, se lo creía (porque estaba comenzando a verlo), pero le costaba creer que fueran cambios reales y duraderos. Y comentó: "es que esto parece tan bonito, ... que parece Flower-Power"...

Y me llamó la atención el comentario. Y me ha hecho pensar mucho.

¿Saben? Que el Coaching genera resultados sorprendentes es un hecho (y si aún no lo han comprobado, les invito a que, cuando quieran, comiencen un proceso... ya verán como marca diferencias en sus vidas). Que el Coaching es potente y saca todo el potencial, es una realidad.

¿Y saben también? Eso no significa que sea una cosa light, magia o que "estemos hablando de las florecitas, la, la, la". No, el Coaching implica mucho compromiso por parte del cliente (y del Coach), implica mucho asumir su propia responsabilidad, sabiendo que lo que no haga él por su propia vida no lo hará nadie más; el Coaching implica hacer mucho músculo: atreverse a salir de nuestra zona de comodidad y hacer cosas nuevas, que antes no nos habíamos atrevido a hacer. El Coaching implica tener la valentía y la honestidad de escucharnos, de descubrir nuestras zonas de mejora y nuestros puntos fuertes. El Coaching implica la valentía de atrevernos a pasar nuestros valores por el Crisol de la Coherencia... y descubrir si los estamos viviendo realmente o no.

No, el Coaching no son margaritas y pajaritos. No, en el Coaching no es todo color de rosa. Y si, a pesar de eso los resultados son impresionantes.

Miren, tengo dos ejemplos que pueden ilustrar muy bien lo que comento. El primero es un equipo de Natación Sincronizada. Imagino que alguna vez hayan visto alguna coreografía de uno de estos equipos. Qué belleza, qué armonía, qué precisión, qué serenidad transmiten, con qué facilidad lo hacen... Pero creo que nadie pensaría que por ser tan bonito, tan dulce, tan alegre, ...es pan comido y no requiere ningún esfuerzo. Todos somos conscientes del mucho entrenamiento que esas nadadoras han puesto, día a día, haciéndo músculo, desafiando sus propios límites, sus propias fuerzas.

El otro ejemplo... les invito a leerlo en otra entrada de mi blog: La esencia está en el trabajo.

Y no, definitivamente, el Coaching no es Flower-Power. Aunque los resultados son de una belleza sorprendente y la persona surge en todo su potencial y todo su brillo.

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