Cuidar nuestro ser. Cuidar nuestra manera de hablarnos, de tratarnos, de acogernos a nosotros mismos. ¡¡Qué diferentes son las personas que se hablan con cariño, que se respetan, que se acojen con comprensión, de aquellas que se tratan con desprecio, con exigencia perfeccionista, con dureza!! ¡¡Qué diferentes son y qué diferentes los pasos que dan y, por tanto, los avances que consiguen!!
Y ese cuidar nuestro ser implica SIEMPRE, acoger y cuidar al niño que todos llevamos dentro. Sé que estas palabras resuenan difíciles en la mente de algunas personas, sobre todo en aquellas en las que prima la parte más racional que, por otro lado, es la parte que más se estimula y potencia en la mayoría de los sistemas educativos. Alguno de ustedes puede estar pensando: "¿Acoger al niño que yo llevo dentro? ¡¡pero si yo soy un hombre!! ¡¡pero si yo tengo ya 45 años!! ¡¡cómo voy a estar con esas tonterías!!". O "si yo soy una mujer y no puedo estar a estas alturas con esas chorradas de cría pequeña, lo que tengo que hacer es espabilar y hacerme más dura y dejarme de tonterías, para que así las cosas ya no me afecten tanto". (¿Alguno de ustedes se reconoce?)
Y sin embargo, nada hay más acuciante y más importante que reconocer que en nuestro interior hay una parte esencial (de nuestra esencia, de nuestra identidad más profunda), que es atemporal, que es delicada, que es frágil, que aún tiene sueños, que aún cree en su potencial, que necesita ser impulsada para seguir en pro de sus principios más profundos, que necesita escuchar palabras de aliento para seguir avanzando, que, como los niños, avanza y aprende de modo espectacular cuando se siente en un espacio protegido, cuidado, estimulado, potenciado. Y que, como los niños, se asusta, se acobarda, cuando sólo recibe malas palabras, cuando recibe dureza, exigencia extrema, cuando no se siente amado.
Todos tenemos en nuestro interior un niño. Un niño deseoso de crear, de aportar, de transmitir,... un niño con una creatividad inmensa, con una capacidad de aprendizaje inmensa, con unas ganas inmensas de explorar, de crecer. Nuestro niño desea dar todo eso para nuestro bien, para nuestra vida. Sólo nos pide que le permitamos salir y que lo estimulemos, que lo cuidemos y le alentemos.
Hace unos días, en una sesión de Coaching, una cliente descubrió la importancia de tratarse con más cariño, de mirarse con amor, de mirar a su niña interior con ese amor. Y es una profesional excelente. Y en su trabajo es super-eficaz.... y se estaba olvidando de tratarse bien a ella misma, por lo que se autosaboteaba todos aquellos proyectos en los que la beneficiada era ella. Y cuando lo descubrió se tomó muy en serio lo de tratarse mejor, con más cariño, con más respeto hacia ella misma. Y me mandó un dibujo (ella es muy creativa, como Usted) que ha puesto en su mesa de trabajo y que, con su permiso, comparto con ustedes.

Sonríanse. Hablense con respeto, con amor. Estimulense. Potenciense.
Saldrán ganando. Se lo aseguro. El niño creará. Y el adulto avanzará.
.jpg)
¡Hola Élida! es un gusto retomar el año con tus comentarios en el blog. Gracias por recordarnos la importancia de atender, cuidar, escuchar... a nuestro niño interior. Y gracias también por compartir el cartel tan chulo que hizo una de tus coachees. Me alegro un montón por ella, por tus enseñanzas y por todos nuestros aprendizajes.
ResponderSuprimirBesos y feliz año a todos los que te seguimos por aquí.
Cris M.T.