A lo largo del día cada uno de nosotros nos relacionamos con muchas personas. Cierra los ojos un momento y piensa un segundo las personas con las que te vas a relacionar hoy. O con las que te relacionaste ayer. Encontrarás muchas: tu jefe, tus empleados, tu esposo/a, tus hijos, tus clientes, tus proveedores, tu padre, tu madre, tus amigos, tus hermanos, el frutero, el vecino del 4º que te encuentras en el ascensor,… Multitud de personas (¡¡qué bonito, por otro lado!!).
Y sobre todas esas personas, lo queramos o no, tenemos capacidad de influir. Los seres humanos somos seres sociales y los demás nos influyen. Para bien o para mal. Todas las personas con las que yo me relaciono me influyen (para bien o para mal) y a todas esas personas a su vez yo les influyo (para bien o para mal). Pensadlo. Una sonrisa que os da vuestro hijo, cómo os puede iluminar la mañana. O un cumplido que os da un cliente, o una mano tendida de un compañero para ayudaros con un informe,…. Son cosas que a cada uno de nosotros nos influyen. También una mala contestación, o un reproche, o un “juego de ocultar información”, etc. Todo lo que nos hacemos unos a otros nos influye.
Y está en mi mano el decidir de qué manera quiero yo influir en los demás (yo elijo dar sonrisa o dar mala cara; yo elijo ayudar a un compañero o ponerle la zancadilla, etc.) Sabéis que soy una firme defensora de la responsabilidad de cada uno. Tambien está en mi mano el decidir de qué manera quiero yo que me influyan los demás (yo elijo cómo quiero que me afecte la mala contestación de otro, yo elijo cómo quiero mantener viva la sonrisa que otro me ha dado, etc.)
Y dependiendo de mis elecciones, tendré unos resultados u otros. Porque todas las cosas tienen consecuencias. TODAS. Y dependiendo de mis elecciones, generaré en los demás (y en mí) unos frutos u otros.
Mirad, os voy a presentar una teoría (o modo de vida) que tengo y que a mí me ayuda mucho. Creo que, en las relaciones con los demás, todos somos jardineros. Un jardinero cuida la planta que tiene a su cargo, la abona, la riega, la cuida, le echa vitaminas, la poda, la trasplanta, etc.
Ahora, uno puede encontrar con que, a pesar de mis atenciones, la planta no crece, o no da flores, o, lo que es peor, ¡¡se llega a morir!! ¡¡Qué planta más desagradecida, con las atenciones que yo le he dedicado!!
Y a veces, con los demás, pensamos así: es que este no quiere crecer, es que este no quiere dar lo mejor de sí, es que este es el que se niega… y mira que yo estoy haciendo todo lo que le convendría para crecer.
A mí, sin embargo, me gusta pensar lo contrario. ¿No será que yo, como jardinero, no he hecho lo que esa planta necesitaba? Porque sí, la he regado, pero a lo mejor esa planta necesitaba menos agua (o más). Sí, la he abonado, pero a lo mejor ese abono contiene un mineral que a esa planta en concreto le hace daño (aunque a las demás plantas ese abono le venga bien). Sí, la he podado, pero… a lo mejor esa planta no puede ser podada este mes y tendría que haber esperado dos meses para que llegase su momento de la poda.
Esta es mi filosofía. Es tarea del jardinero el ver los cuidados concretos que esa planta necesita. Y darle a esa planta lo que es bueno para ella, no lo que las demás plantas necesitan y no lo que el jardinero “cree que es bueno”. No, un buen jardinero sabe detectar lo que es bueno para esa planta. Y se lo da.
En las relaciones con los demás, todos somos jardineros. Observa tus plantas (tus empleados, tus compañeros, tus hijos, tu esposo, tus amigos….), mira lo que realmente necesitan. Y dáselo. ¡¡¡Las plantas de tu jardín crecerán y darán unas flores de inmensa belleza!!
¡¡Saca el mejor jardinero que llevas dentro!!!
viernes, 29 de abril de 2011
Jardineros del alma
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¡Hola Élida! gracias por inspirarme con la metáfora del jardinero. Quiero estar más atenta y observar qué necesitan mis plantas-alumnos, familiares, pareja, amigos, compañeros... para crecer y florecer.
ResponderSuprimirUn abrazo y gracias por tu blog.
Cris M.T.
Precisamente hoy pensaba en que flores tener en mi jardín, que alimentaran el alma de quien las viera. Tú, me has hecho ver que ya tengo las plantas y según mis cuidados, será la belleza de sus flores. Gracias por compartir, eres una de esas flores de inmensa belleza que iluminan el universo.
ResponderSuprimirGracias Cris por lo que compartes. Estoy convencida de que, al estar más atenta, no sólo los que te rodean florecerán más, sino que tú misma vas a seguir creciendo y floreciendo. Aportando al mundo tu belleza.
ResponderSuprimirGracias también a ti, anónimo(a), por lo que compartes. Me gusta el enfoque que das, porque tus flores (las tuyas internas) también necesitan ser cuidadas... para que alimenten el alma de quien las vea. ¡¡Qué bonito!! "alimentar el alma de otros". Ojalá todos, en nuestro día a día, fueramos conscientes del alma de los demás y de nuestra propia alma. Las relaciones se establecerían en un lugar totalmente diferente, mucho más pleno y satisfactorio. Mucho más libre.
Gracias por tu aportación.
Elida