martes, 17 de mayo de 2011

Quita el freno de mano

Desde hace unos meses me estoy encontrando con un tema recurrente en muchas personas. No sé si os habéis dado cuenta, pero todos tenemos a veces frenos en nuestro interior. Poniendo una metáfora que lo ilustre, es como si fuéramos un coche super-potente, que está intentando circular por la autopista, con todo su potencial, con todos sus mecanismos activados, con el motor en pleno rendimiento… y nos hubiéramos dejado puesto el freno de mano. Algo pasa, el coche no va bien, no saca lo mejor de sí. Y es que el freno de mano, nos frena (¡¡vaya redundancia!! ¿no?... ¡¡pero es que eso nos pasa!!). En nuestro interior tenemos muchos “frenos de mano”, y es tarea de cada uno de nosotros descubrir cuáles son los míos particulares. ¿Qué frenos concretos tengo puestos? ¿qué frenos me están impidiendo avanzar? ¿qué frenos me están impidiendo dar todo mi potencial? Cada uno de nosotros tenemos que encontrar nuestros frenos de mano, aquello que nos impide avanzar.

Y estos “frenos de mano” pueden aparecer con diversas formas: a veces están en modo de creencias limitantes (un pensamiento que tengo acerca de mí y/o de la realidad, y que me limita), a veces están en modo de necesidades (algo que necesito cubrir y que, entonces, hago cosas que me conduzcan a lograr aquello que necesito, por ejemplo: si necesito aceptación, probablemente no me atreva a hacer cosas que “enfaden a otros”), a veces están en forma de miedos: a fracasar, a tener éxito, etc.

Es trabajo de cada uno el ir detectando esos frenos internos que cada uno tenemos, para conseguir que mi coche sea el Ferrari que realmente es (os invito a ver la entrada: “meter primera” en relación al Ferrari que todos llevamos dentro).

Y quiero compartir un “freno de mano” que últimamente he detectado en varios clientes (vamos lo han detectado ellos, porque en el Coaching el protagonista es el Cliente, sin ninguna duda). Muchas personas tienen en su interior la creencia (el mandato interno) de “para que sea válido, tiene que costarte esfuerzo”, “si no te cuesta esfuerzo, no tiene mérito”, “para hacer las cosas bien, tienes que esforzarte” (fijaos si al leerlo os resuena algo, por favor, que a veces se nos cuelan creencias que no nos damos ni cuenta de que las tenemos). Claro, para esas personas sólo tienen mérito aquellas cosas en las que se tienen que esforzar, aquellas cosas que “les cuestan”. Si yo hago un trabajo bien hecho, por ejemplo, cerrar una venta con un cliente… no tiene mérito porque no me ha costado. Y esa creencia (que es, como todas las creencias limitantes, muy sibilina), me hace creer: “realmente no eres un buen profesional, porque no estás consiguiendo cosas”. Quizás al leerlo vuestra lógica vea lo “ilógico” de ese pensamiento… pero la realidad es que se nos cuela a muchas personas.

Y, sin embargo, la verdadera profesionalidad, los verdaderos profesionales, los que realmente están brillando en su profesión, son aquellos que hacen las cosas de modo casi natural, que fluyen en aquello que hacen. Lo ilustraré con casos concretos. ¿Alguno de vosotros realmente cree que a Mozart le “costaba” componer las obras tan maravillosas que compuso? Mozart tuvo que dedicarle horas, pero la dedicación no es sinónimo de esfuerzo (aunque algunos piensen que sí). Pero lo que realmente Mozart hizo (¡¡y eso marcó diferencias con sus contemporáneos!!) fue fluir y crear con todo aquello que le salía natural. No tuvo que “esforzarse” porque, además, estaba haciendo lo que le gustaba, su gran pasión: la música. ¿Y deja de ser un genio por eso? ¿y deja de ser un profesional de su profesión por eso? Otro ejemplo: recuerdo hace unos años, cuando Miguel Indurain triunfaba como nadie en el Tour de Francia, en la Vuelta a España… en todas las carreras a las que se presentaba, ¿lo recordáis? Miguel Indurain tenía una capacidad pulmonar por encima de la media, que hacía que él tuviera una capacidad y una resistencia mucho mayor que el resto. Sí, tenía que entrenarse, sí tenía que dedicar tiempo y que dar lo mejor de sí… pero realmente no le costaba “esfuerzo”, porque, además, estaba haciendo lo que le gustaba, su gran pasión: la bici. ¿Y deja de ser un estupendo deportista por eso? ¿y deja de ser un profesional de su profesión por eso? Lo mismo podemos ver en Nadal, en Einstein, en el bailarín Nureyev, en Jack Costeau, no sé, poned el nombre de quien queráis: tienen que dedicar tiempo, tienen que entrenarse, tienen que investigar, pero… están haciendo algo que realmente les resulta fácil y les gusta.

Es más, creo que realmente son buenos por esa última frase: están haciendo lo que les resulta fácil y les gusta.

Os confieso una cosa acerca de mí: aquello que se me da mejor es justo aquello que me sale sin esfuerzo. En lo profesional, por ejemplo: se me da genial dar clase, que los alumnos capten los conocimientos, conectar con ellos, con sus necesidades… ¡¡y no me cuesta!! Se me da genial también hacer sesiones de Coaching dejando fluir a mi intuición y “ver más allá”… ¡¡y no me cuesta!! Uno de mis puntos fuertes es conectar con la gente, crear relaciones basadas en la confianza… ¡¡y no me cuesta!! (y he logrado muchos clientes de empresa muy importantes gracias a eso, que me sale natural). En lo personal, se me da genial ser buena madre… ¡¡y no me cuesta!! ¿Hace falta que siga?

Detectar vuestros “frenos de mano”. Y si detectáis que uno de ellos es el que relaciona esfuerzo-mérito con buena profesionalidad… ¡¡¡quitar el freno!! Detecta aquello en lo que realmente tú eres bueno, aquello en lo que fluyes y que “se te da bien hacer”, sin nada de esfuerzo. Ah!! Y no caigas en la trampa de “si, pero eso es en lo personal, en lo profesional no”. Es una trampa, porque aquello que se te da bien incluye unas capacidades y unas actitudes… y eso lo puedes llevar a todos los terrenos.

Vuestro Ferrari pondrá entonces todos sus motores en marcha… ¡¡¡y disfrutaréis del camino y de la conducción!! ¡¡Y llegaréis al destino!!

1 comentarios:

  1. José Lorenzo Moreno López20 de julio de 2011 13:23

    Me encanta la reflexión que haces sobre el esfuerzo y el profesionalismo. Estoy de acuerdo contigo. ¿Es más profesional el que va siempre con los picos de la camisa por fuera, que aquel que hace las cosas de un modo natural?. Pueden ser estilos diferentes, pero uno no es mejor que el otro. Un ejemplo. Roger Federer juega al tenis y parece que gana los partidos sin romper a sudar. Siempre elegante. Ha sido número uno muchisimo tiempo y ha ganado no se cuantos Gran Slam. Rafa Nadal va con la camiseta por fuera, lleno de tierra, con la cinta del pelo torcida, parece que juega siempre sufriendo. ¿Es mejor que Roger?. Solamente son estilos diferentes. Ninguno es menos profesional que el otro.

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