Este Lunes tuve una sesión con un directivo. Es una persona muy valiente, puesto que se está planteando objetivos muy profundos, de esos de plantearse si está viviendo la vida que desea vivir y, como su respuesta es “NO”, ha dedidido ponerse manos a la obra, poniendo toda la carne en el asador e intentando evitar echar balones fuera (es que mi mujer es así, o es que las circunstancias son asá, es que si mi equipo fuera…, etc.). No, no echa balones fuera. Sabe que las circunstancias y las personas que le rodean son de determinada manera, pero sabe que él es actor principal y responsable de su propia vida.
Y ayer me escribió un mail diciéndome que no sabía bien cómo enfocar una situación que él se había planteado mejorar (tenía el Qué). También tenía claro el Para qué (lo habíamos desglosado en la sesión del Lunes) y eso le daba una motivación enorme y diferente. Sabía el Cómo (habíamos sacado planes de acción concretos en la sesión). Y sin embargo, había ciertos momentos en lo que notaba que ese cómo no era suficiente. Como que salían de él aspectos que él realmente no quería mostrar. Y me lo decía con mucha sencillez (lo cual ya es una gran madurez).
Eso nos pasa frecuentemente a todos y cada uno de nosotros. Muchas veces hay cosas que queremos cambiar (de nosotros, de nuestra relación con los demás, de nuestro trabajo). Sabemos, por tanto, el Qué. También sabemos el Para Qué: para mejorar mi relación con mi marido, o para lograr sacar lo mejor de mi equipo, o para que mis hijos reciban un legado bueno que quiero mostrarles… Incluso también sabemos el Cómo: nos marcamos pequeños objetivos y planes de Acción que nos van a llevar a ese lugar (por ejemplo: voy a escuchar más a mis comerciales, voy a salir antes del trabajo para estar una hora más con mis hijos, voy a cuidar más la relación con mi mujer saliendo a pasear todas las tardes con ella, …). Nos marcamos planes de acción que nos acercan a ese Qué y, por tanto, a ese Para qué.
Y sin embargo, muchas veces no somos capaces, es como si algo en nuestro interior nos frenase. Por eso, es muy importante que en todo momento recordemos plantearnos el DESDE DÓNDE quiero hacer las cosas. Es decir, qué YO mío quiero que lidere la acción. Y eso está relacionado con el mostrar lo que realmente quieres SER. Con ser tu YO más profundo, más verdadero, aquel que realmente quieres ser.
Los que seguís este blog con frecuencia sabéis que pienso que todos tenemos dentro todo. Dentro de ti (y de mí), está el Generoso, el perezoso, el orgulloso, el soberbio, el humilde, el valiente, el luchador, el compasivo, el miedoso,…. ¡¡¡Tenemos multitud de “personajes” en nuestro interior!!
La clave está en que en cada momento tomemos conciencia de dos cosas:
+ quién está liderando ahora mismo (¿quién tiene el micrófono y está hablando ahora mismo?)
+ quién quiero que hable ahora mismo, quién quiero que dirija mi comportamiento.
Por ejemplo, yo puedo notar que en cierto momento estoy hablando desde el rencor (ha salido la Elida rencorosa) y, cuando lo detecto, puedo preguntarme: “¿realmente quiero hablar desde este lugar?, ¿estoy siendo quien quiero SER”. Si mi respuesta es SI, pues adelante. Si mi respuesta es NO, mi siguiente pregunta: “¿Quién quiero que hable?, ¿desde dónde quiero hablar?, ¿qué parte de mi ser quiero mostrar realmente?”. Y entonces, a lo mejor, decido mostrar a la Elida compasiva, a la que sabe perdonar, o a la que está dolida y necesita mostrar su dolor con dulzura, …. ¡¡¡pero siempre sabiendo y siendo consciente de si estoy siendo quien quiero ser, si estoy actuando como realmente quiero actuar!!
Espero que os ayude. A mí me resulta muy poderoso, porque me ayuda a tener conciencia de desde dónde estoy actuando y, sobre todo, a decidir quién quiero ser en cada momento y cómo quiero actuar.
Piensa ahora en una situación que te gustaría mejorar o cambiar. ¿Quién quieres que lidere tu comportamiento? ¿Quién quieres que hable en cada momento?
Atrévete a brillar, atrévete a reconocer a cada “personaje” que te surge y a decir a cada uno: “en este momento tú eres actor secundario y no tienes papel y en cambio este otro es el actor principal y es el que va a salir a escena”
jueves, 9 de junio de 2011
Los actores protagonistas
Etiquetas:
actores protagonistas,
actores secundarios,
Brillar,
dar lo mejor,
Desde dónde,
YO
| Reacciones: |
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
.jpg)
Parece que este artículo estuviera escrito para mí. Llevo toda la semana dando vueltas precisamente a lo que tú comentas. A veces es complicado sacar el personaje que uno necesita sacar en cada momento. No sé si a veces es por equivocación, por miedo o por no saber gestionar cada uno de los personajes. Lo que sí sé es que cuando pienso en muchas situaciones me doy cuenta de qué me gustaría haber actuado de otra manera muy distinta; me doy cuenta de que no es nada fácil y también me doy cuenta de que necesito ser consciente de mis distintos personajes y de cuáles necesito en cada situación. Gracias Élida por este artículo, me ha ayudado mucho. Para mí es un punto de partida.
ResponderSuprimir