Como ya comenté en un post anterior, estoy participando en un proyecto precioso con directivos de alto nivel de una gran entidad financiera. Es un proyecto que me encanta, puesto que busca ayudarles a sacar lo mejor de sí mismos, de cara a que generen un tipo de liderazgo que realmente produzca impacto, interno y externo. Ellos no lo saben, pero yo le llamo el “Proyecto Brillar”, ya que al final lo que logran al sacar lo mejor de sí mismos es brillar y poner un poco más de luz en su día a día, con sus equipos y en la sociedad en general. ¡¡Es un proyecto precioso del que me siento feliz de formar parte!!
Bien, esta mañana mantenía una sesión con una directiva. Ha tomado conciencia de que para generar los cambios que ella desea, para ser el tipo de líder que ella quiere ser y que sabe que generará valor, ha tomado conciencia de que necesita generar cambios en su interior, especialmente acerca de cómo gestiona sus pensamientos en determinadas ocasiones. Ha tomado conciencia de que tiene “frenos internos” y se quiere liberar de esos frenos, para así, siendo libre, poder ser quien realmente quiere ser.
Una toma de conciencia preciosa. Y valiente, puesto que no echa balones fuera, sino que asume que el cambio es de dentro a fuera (como me habéis oído decir muchas veces en este blog).
Lo que pasa es que, conforme hablábamos me ha llamado la atención una cosa. He percibido que realmente quería generar esos cambios, pero… en el fondo no creía que fuera posible conseguirlo: “Llevo tantos años siendo así que no puedo cambiar”. Por favor, te invito a que, antes de seguir leyendo, piensa un momento: explora si en algún área de tu vida, o en alguna cosa que te gustaría mejorar, te detectas ese pensamiento o uno similar.
Y cuando se lo he reflejado (uno de los grandes papeles del Coach es el Espejo), me ha confesado que realmente no creía que fuera posible. Y eso es un freno mucho mayor en su interior.
En la película “Una mente maravillosa” (que te recomiendo), hay una frase magistral: “necesito creer que algo extraordinario es posible”. Necesitamos creer. Creer en lo extraordinario. Creer que es posible. Creer que podemos. Pero, ¿qué pasa cuando lo que vivimos hoy no nos permite creer? ¿nos quedamos quietos?
Cuando uno aborda la gestión del cambio, lo puede hacer desde dos lugares diferentes:
+ desde la sensación de que esto me limita. Ese lugar me lleva a la resignación (que es muy diferente de la aceptación). Me lleva al no-asombro, a la no-lucha, a la no-mejora. Y me lleva a no generar cambios. Con lo cual es una auto-profecía que se cumple. “¿Ves? Yo no puedo esto”.
+ desde la aceptación de lo que ahora estoy viviendo, pero de la mano de la creencia en todo lo que puedo vivir. Ese lugar me lleva a soñar, a aspirar, a impulsarme, a sacar todos mis recursos y ponerme en marcha. Y eso, sin ninguna duda, genera cambios… y alcanza logros.
Cuando la persona se permite soñar, se pone en acción, genera cambios y crea algo nuevo. Siempre. Esa es la grandeza del ser humano.
Te propongo un pequeño ejercicio para que hagas ahora mismo: coge un papel y un boli.
1) escribe una situación que te gustaría mejorar (de cualquier área de tu vida: profesional, personal, etc.)
2) escribe lo que te gustaría lograr (ojo, pon lo que sí quieres conseguir, no lo que quieres evitar o lo que quieres dejar de hacer)
3) revisa si tu objetivo está puesto en positivo (lo que sí quiero, no lo que no quiero). Vuélvelo a escribir si es necesario.
4) revisa si está en ti: ¿Quién tiene que hacer eso que quieres: el cambio está en ti o en otro? Si el cambio está en otro (por ejemplo: “quiero conseguir que mi jefe me escuche”, el que tiene que escuchar es mi jefe) no sirve. Vuelve a escribirlo, pero esta vez centrado en ti: ¿qué quiero conseguir que esté en mí? (Ej: “quiero lograr comunicarme con mi jefe con asertividad, valentía y serenidad”)
5) escribe indicadores de que se ha conseguido el objetivo: ¿Cómo sabrás que lo has logrado? ¿Qué verás? ¿qué escucharás? ¿qué sentirás? ¿qué verán los demás? etc.
6) A continuación escribe de un tirón (y sin pararte a pensar, ni a censurar, ni a decir “no, esto no tiene lógica”) los pensamientos que te vienen acerca de este pensamiento. Escríbelos y ya, no los juzgues. Escribe 10 pensamientos.
7) ahora revisa cada uno de esos pensamientos. Para ello hazte la siguiente pregunta: “este pensamiento, ¿me potencia o me limita?”. Y si te limita, escribe a su lado un pensamiento que te vendría bien tener en ese momento para que te potenciase (un pensamiento que conteste al anterior) ¡¡Ah!! Y no hace falta que te lo creas!!
8) explora las nuevas opciones que surgen con esa nueva forma de pensar.
9) con la información que has obtenido, ponte un plan de acción… ¡¡y empieza a crear!!
Dicen aquello de “creer para crear”. Yo te propongo: “crear para creer”. Comienza creando, poniéndote a la acción… y acabarás creyendo que es posible.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Crear para creer
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