No me resisto a la tentación de escribir hoy, precisamente hoy.
Hoy es 29 de Febrero, día que sólo ocurre cada cuatro años. Y eso hace del día de hoy un día muy especial. Tengo varios amigos que justo nacieron un 29 de Febrero y, aunque todos los años celebran su cumpleaños el día 28, cuando es año bisiesto lo celebran de una forma muy muy grandiosa.
Realmente es una fecha más, eso no lo hace especialmente especial. Pero, al mismo tiempo, esa pequeña diferencia lo hace muy especial. Es como una paradoja: no es especial, pero al mismo tiempo es especial.
Y eso me lleva a invitarte a la siguiente reflexión: muchas veces buscamos cosas grandiosas que hagan la vida, nuestra vida, especial. Y las cosas grandiosas pasan pocas veces... quizás cada 4 años como los años bisiestos. La vida cotidiana, el día a día, está lleno de "pequeños" momentos, que no son "importantes"
Pero realmente la vida son esos pequeños momentos. La grandeza de un día pueden ser esos pequeños momentos. Quizás no grandiosos, pero sí preciosos: la sonrisa de tu hijo cuando ha tenido una ocurrencia genial, la risa de un amigo ante un chiste ingenioso que se le acaba de ocurrir, el cliente que te llama satisfecho de tu trabajo, el conductor del autobús que te saluda al subir, una comida preparada con mucho amor, una entrega de un trabajo a tiempo,... etc. Podría continuar, pero cada uno de nosotros tenemos en nuestro día a día muchísimos momentos grandes, pequeños momentos grandes.
Hace poco me decía un cliente que se había sorprendido por mi artículo "El regalo que no esperabamos", porque él, me decía, no tiene esa capacidad de disfrute y de sorprenderse por esas cosas "pequeñas" y se lía con los "tengo que hacer". Y buscaba conseguir esa capacidad de disfrute, de sorpresa, de hacer de lo cotidiano algo grande.
¿Qué gafas llevas puestas? Porque a tu alrededor hoy están pasando muchas cosas grandes. A tu alrededor hoy están pasando muchas personas grandes (aunque tengan 7 años). A tu alrededor están sucediendo muchos acontecimientos grandes (aunque sea un amigo que te escribe para preguntarte "¿Cómo estás?"). ¿Qué gafas eliges ponerte? ¿Qué año estás buscando: un año bisiesto, o un año "normal"? Porque tu calendario puede estar lleno de días con una marca roja de "DIA GRANDE por PEQUEÑO MOMENTO".
¿Te apuntas?
(te lo dedico, R.)
miércoles, 29 de febrero de 2012
Un día especial
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lunes, 27 de febrero de 2012
¿Cambiar el pasado?
Un amigo seguidor de este blog, César, me mandó la semana pasada este video de You-Tube, con el testimonio de Albert Casals. Te invito a verlo, pues puede resultar interesante.
Una enfermedad, mononucleosis, seguida de una leucemia, le dejó, de niño, postrado en una silla de ruedas. Redujo su movilidad y, probablemente en ese momento, pudo reducir sus sueños. Seguro que te ha llamado la atención varias cosas. Pero quiero invitarte a detenerte en el minuto 2:40. Albert hace un comentario sobre el que merece la pena reflexionar:
"Yo sé que ahora estoy feliz. Por eso es muy arriesgada la idea de cambiar una cosa del pasado, porque quién sabe si cambiando una cosa, y además una cosa tan importante como el poder andar, ¡quizás no hubiera empezado a viajar!, ¡quizás no hubiera terminado siendo tan feliz como ahora! Con lo cual es muy arriesgado decir si sería más o menos feliz de otro modo. Es muy difícil"
¡¡No puedo estar más de acuerdo con esas palabras!! Ya he escrito varias veces en esta línea. (por ejemplo: Los tres pelos del hombre feliz)
Conozco muchas personas que emplean mucho tiempo en lamentar las cosas que les han pasado. Más graves, menos graves. No importa. Lo que importa es que emplean mucho de su tiempo y de su energía en lamentar esos momentos, en pensar que si "eso" no me hubiera pasado yo ahora sería/podría... y esos pensamientos les llevan, inevitablemente al pesimismo, a la derrota personal. Porque se están centrando en algo malo y, además, que no pueden cambiar.
¡¡Qué distintas son, sin embargo, las personas que aceptan las situaciones que la vida les va poniendo y las emplean para seguir creciendo!!
Muchas veces lo he dicho en este blog: Aceptación no es lo mismo que Resignación. Resignación para mí es esa actitud de agachar la cabeza y decir interiormente: "pobrecito de mí, no puedo hacer nada". La Aceptación es mucho más grandiosa. Es asumir que "eso" ha pasado, para, a continuación, levantar la mirada y decir: "bien, con esto qué puedo hacer, qué puedo aprender, qué puedo sacar de mí mismo para crecer"
Mi experiencia personal va en esa línea: los momentos más duros y difíciles de mi vida, han sido los que luego han conseguido que yo diera lo mejor de mí, que saliera de mi zona de comodidad y creciera. Ojo, eso no significa que hayan estado exentos de sufrimiento. No. Eso significa que, a pesar del sufrimiento, uno puede mirar dentro y decir: ¿qué talentos tengo que puedo poner a trabajar?, ¿qué puedo dar de mí para vivir esta situación como quiero vivirla?, ¿qué puedo aprender de esto?
Mira, en uno de los programas de formación de Coaching que imparto, he tenido la inmensa suerte de tener como alumna a Teresa Perales. Nadadora. Medallista Olimpica, con uno de los palmarés más ámplios de los deportistas españoles. A los 19 años una enfermedad la dejó en silla de ruedas, sin movilidad de cintura para abajo. Una circunstancia en la que a cualquiera se le puede venir el mundo encima. Y, en esa circunstancia, y por hacer algo de deporte para mantener sus músculos activos, ella entró en el mundo de la natación... y se despertó la nadadora olímpica, ganadora de medallas de oro, que había dentro de ella.
Y yo lanzo la pregunta: ¿hubiera entrado Teresa en la natación de no haber tenido esa circunstancia? No se sabe, probablemente no, pues su vida ya estaba "enfocada". ¿Hubiera salido la campeona olímpica? no se sabe. ¿Hubiera sido Teresa tan feliz como es hoy? No se sabe. ¿Se hubiera sentido tan orgullosa de sí misma, de sus esfuerzos, de sus logros, de sus victorias? No se sabe. ¿Ha sido bueno o ha sido malo el caer en silla de ruedas? No se sabe. Pero, como dice Albert, es muy arriesgado pensar en si eso no hubiera pasado.
Te invito a que empieces a mirar tu vida con otros cristales. Probablemente aquello que más te ha hecho sufrir, ha sido lo que más a sacado lo mejor de ti.
Y si así no es, si hasta ahora no ha sido así, te invito a que, a partir de ahora, cuando venga una situación que "no es buena", la vivas de otra manera, con Aceptación y buscando el "¿qué puedo dar yo en esta situación... para SER MI MEJOR VERSIÓN?
Una enfermedad, mononucleosis, seguida de una leucemia, le dejó, de niño, postrado en una silla de ruedas. Redujo su movilidad y, probablemente en ese momento, pudo reducir sus sueños. Seguro que te ha llamado la atención varias cosas. Pero quiero invitarte a detenerte en el minuto 2:40. Albert hace un comentario sobre el que merece la pena reflexionar:
"Yo sé que ahora estoy feliz. Por eso es muy arriesgada la idea de cambiar una cosa del pasado, porque quién sabe si cambiando una cosa, y además una cosa tan importante como el poder andar, ¡quizás no hubiera empezado a viajar!, ¡quizás no hubiera terminado siendo tan feliz como ahora! Con lo cual es muy arriesgado decir si sería más o menos feliz de otro modo. Es muy difícil"
¡¡No puedo estar más de acuerdo con esas palabras!! Ya he escrito varias veces en esta línea. (por ejemplo: Los tres pelos del hombre feliz)
Conozco muchas personas que emplean mucho tiempo en lamentar las cosas que les han pasado. Más graves, menos graves. No importa. Lo que importa es que emplean mucho de su tiempo y de su energía en lamentar esos momentos, en pensar que si "eso" no me hubiera pasado yo ahora sería/podría... y esos pensamientos les llevan, inevitablemente al pesimismo, a la derrota personal. Porque se están centrando en algo malo y, además, que no pueden cambiar.
¡¡Qué distintas son, sin embargo, las personas que aceptan las situaciones que la vida les va poniendo y las emplean para seguir creciendo!!
Muchas veces lo he dicho en este blog: Aceptación no es lo mismo que Resignación. Resignación para mí es esa actitud de agachar la cabeza y decir interiormente: "pobrecito de mí, no puedo hacer nada". La Aceptación es mucho más grandiosa. Es asumir que "eso" ha pasado, para, a continuación, levantar la mirada y decir: "bien, con esto qué puedo hacer, qué puedo aprender, qué puedo sacar de mí mismo para crecer"
Mi experiencia personal va en esa línea: los momentos más duros y difíciles de mi vida, han sido los que luego han conseguido que yo diera lo mejor de mí, que saliera de mi zona de comodidad y creciera. Ojo, eso no significa que hayan estado exentos de sufrimiento. No. Eso significa que, a pesar del sufrimiento, uno puede mirar dentro y decir: ¿qué talentos tengo que puedo poner a trabajar?, ¿qué puedo dar de mí para vivir esta situación como quiero vivirla?, ¿qué puedo aprender de esto?
Mira, en uno de los programas de formación de Coaching que imparto, he tenido la inmensa suerte de tener como alumna a Teresa Perales. Nadadora. Medallista Olimpica, con uno de los palmarés más ámplios de los deportistas españoles. A los 19 años una enfermedad la dejó en silla de ruedas, sin movilidad de cintura para abajo. Una circunstancia en la que a cualquiera se le puede venir el mundo encima. Y, en esa circunstancia, y por hacer algo de deporte para mantener sus músculos activos, ella entró en el mundo de la natación... y se despertó la nadadora olímpica, ganadora de medallas de oro, que había dentro de ella.
Y yo lanzo la pregunta: ¿hubiera entrado Teresa en la natación de no haber tenido esa circunstancia? No se sabe, probablemente no, pues su vida ya estaba "enfocada". ¿Hubiera salido la campeona olímpica? no se sabe. ¿Hubiera sido Teresa tan feliz como es hoy? No se sabe. ¿Se hubiera sentido tan orgullosa de sí misma, de sus esfuerzos, de sus logros, de sus victorias? No se sabe. ¿Ha sido bueno o ha sido malo el caer en silla de ruedas? No se sabe. Pero, como dice Albert, es muy arriesgado pensar en si eso no hubiera pasado.
Te invito a que empieces a mirar tu vida con otros cristales. Probablemente aquello que más te ha hecho sufrir, ha sido lo que más a sacado lo mejor de ti.
Y si así no es, si hasta ahora no ha sido así, te invito a que, a partir de ahora, cuando venga una situación que "no es buena", la vivas de otra manera, con Aceptación y buscando el "¿qué puedo dar yo en esta situación... para SER MI MEJOR VERSIÓN?
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miércoles, 22 de febrero de 2012
¿Me lanzo?
En muchas ocasiones me escriben o me llaman personas que están planteándose hacer un proceso de Coaching. Como ya escribí en su momento (puedes leerlo en el artículo: Coaching, descubrir el potencial que está dentro), las personas que se interesan por el Coaching muestran una serie de aspectos muy comunes, dentro de que cada persona es diferente: tienen algo de "miedo" por lo que puede venir, desconfían de su propia capacidad para lograr lo que quieren (lo han intentado muchas veces, pero no lo han logrado, y eso ha mellado su creencia en su capacidad), etc. Al mismo tiempo, comparten también aspectos cuando terminan el proceso: creen más en sus capacidades, en sus recursos (en su POTENCIAL), están mucho más conectadas con quién son y quién quieren ser, etc.
Sí, las personas que inician un proceso de Coaching comparten muchas cosas.
Y mi experiencia también me ha mostrado que hay como dos tipos de personas: las que no se plantean iniciar un proceso de Coaching porque no lo consideran necesario (no entro a comentarlo, aunque puede ser por miedo a pedir ayuda o por arrogancia "ya cambiarán los demás") y las que sí que se lo plantean.
Y dentro de este último grupo, hay dos sub-grupos a su vez: las que después de informarse y preguntar, no lo inician y las que sí que lo inician.
De las que no lo inician es de las que hoy quiero hablar, muy brevemente. En muchas ocasiones me han escrito, o llamado, personas que se lo están planteando, muy seriamente. Y quieren información, quieren saber cómo trabajo, quieren saber si lo que quieren conseguir se puede trabajar con Coaching, etc. Yo atiendo a todas esas demandas, les doy toda la información que necesiten, les invito a explorar lo que puede haber debajo, etc. Y lo hago muy contenta. Es un enorme primer paso el que la persona se esté planteando su camino de evolución a ser quien quiere ser (en el ámbito que sea: personal, profesional, deportivo, etc.).
Pero llega un momento en que la decisión es total y exclusivamente de la persona. Y ahí no puedo entrar. Muchas personas al final tienen miedo y no se deciden. Otras al final relativizan su deseo y no se deciden ("total, no era tan importante"). Otras necesitan "caer" más para ver su necesidad de remontar el vuelo.
Y todo eso es para mí sagrado. Lo respeto al máximo. Cada persona lleva su ritmo. Cada persona debe iniciar un proceso cuando realmente siente que necesita ese proceso. Porque sólo así el Coaching es eficaz: cuando la persona ha tomado conciencia de que realmente necesita dar ese paso. Cuando la persona realmente ha tomado conciencia de que QUIERE dar ese paso.
Hace unos meses, un amigo me decía: "estoy dudando en empezar un proceso de Coaching, sé que me vendría de maravilla... y estoy dudando entre hacerlo contigo o con menganita, que sé que sois las dos personas que me podríais ayudar, ...pero no sé que hacer". Le ayudé con preguntas a tomar conciencia de ciertas cosas... y luego... le dejé sólo en su decisión. Y no sé lo que ha decidido. Bueno, sí sé que por lo menos conmigo no lo ha comenzado, ;-) Pero sé que su ritmo es el que es. Y que su decisión está en él, sólo en él.
Por eso en el Coaching el cliente asume su RESPONSABILIDAD de su propia vida desde el minuto cero. Desde antes de iniciar el proceso. Porque la asume cuando toma la decisión de iniciarlo o no.
Y por eso le devuelve todo su poder.
Sí, las personas que inician un proceso de Coaching comparten muchas cosas.
Y mi experiencia también me ha mostrado que hay como dos tipos de personas: las que no se plantean iniciar un proceso de Coaching porque no lo consideran necesario (no entro a comentarlo, aunque puede ser por miedo a pedir ayuda o por arrogancia "ya cambiarán los demás") y las que sí que se lo plantean.
Y dentro de este último grupo, hay dos sub-grupos a su vez: las que después de informarse y preguntar, no lo inician y las que sí que lo inician.
De las que no lo inician es de las que hoy quiero hablar, muy brevemente. En muchas ocasiones me han escrito, o llamado, personas que se lo están planteando, muy seriamente. Y quieren información, quieren saber cómo trabajo, quieren saber si lo que quieren conseguir se puede trabajar con Coaching, etc. Yo atiendo a todas esas demandas, les doy toda la información que necesiten, les invito a explorar lo que puede haber debajo, etc. Y lo hago muy contenta. Es un enorme primer paso el que la persona se esté planteando su camino de evolución a ser quien quiere ser (en el ámbito que sea: personal, profesional, deportivo, etc.).
Pero llega un momento en que la decisión es total y exclusivamente de la persona. Y ahí no puedo entrar. Muchas personas al final tienen miedo y no se deciden. Otras al final relativizan su deseo y no se deciden ("total, no era tan importante"). Otras necesitan "caer" más para ver su necesidad de remontar el vuelo.
Y todo eso es para mí sagrado. Lo respeto al máximo. Cada persona lleva su ritmo. Cada persona debe iniciar un proceso cuando realmente siente que necesita ese proceso. Porque sólo así el Coaching es eficaz: cuando la persona ha tomado conciencia de que realmente necesita dar ese paso. Cuando la persona realmente ha tomado conciencia de que QUIERE dar ese paso.
Hace unos meses, un amigo me decía: "estoy dudando en empezar un proceso de Coaching, sé que me vendría de maravilla... y estoy dudando entre hacerlo contigo o con menganita, que sé que sois las dos personas que me podríais ayudar, ...pero no sé que hacer". Le ayudé con preguntas a tomar conciencia de ciertas cosas... y luego... le dejé sólo en su decisión. Y no sé lo que ha decidido. Bueno, sí sé que por lo menos conmigo no lo ha comenzado, ;-) Pero sé que su ritmo es el que es. Y que su decisión está en él, sólo en él.
Por eso en el Coaching el cliente asume su RESPONSABILIDAD de su propia vida desde el minuto cero. Desde antes de iniciar el proceso. Porque la asume cuando toma la decisión de iniciarlo o no.
Y por eso le devuelve todo su poder.
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jueves, 9 de febrero de 2012
De cara a la pared
Esta mañana hablaba con una directiva que me comentaba cómo le estaba costando lograr las mejoras que deseaba en su puesto de trabajo. Es una profesional que ha detectado varias áreas de mejora y quería lograr sus objetivos. Me comentaba que veía el problema que le habían comentado sus superiores y sus pares en un feed-back 360º que le habían hecho, pero no sabía cómo pasar a la acción para mejorarlo. Que no veía cómo conseguir esas mejoras. Estaba motivada, quería hacerlo... pero no sabía cómo.
Y es que aquí hay un punto clave para lograr enfocar bien las cosas. Y es un punto en el que muchas veces, sin darnos cuenta, fallamos. Antes de centrarnos en el CÓMO, tenemos que conseguir el QUÉ.
El fallo es que, a veces, para conseguir mejorar algo, tenemos la mirada puesta en lo que no estoy haciendo bien, es decir, en el problema. Y queremos poner soluciones ya, nuestra intención es muy buena, tenemos ganas, estamos motivados... y aún así, no sabemos cómo hacerlo. Y, claro, nos desmoralizamos mucho. ¡¡Quiero mejorar, pero no lo consigo!!
Y es que estamos olvidando un punto clave, importantísimo, que marca la diferencia de forma clara y diametralmente opuesta. Y es un punto en el que, lamentablemente, también algunos coaches fallan también. Y por eso parece (parece) que el Coaching no está funcionando en esa persona.
Cuando me estoy enfocando en el problema, sólo veo problema. Sólo veo la situación que no estoy siendo capaz de superar. Y dificilmente con esa visión soy capaz de ver acciones que me pueden llevar a mejorar. Con un símil visual, te invito a que imagines a una persona que está mirando a una pared, casi pegado a ella. Su mirada está fija en el muro. ¿Qué horizonte crees que ve? ¿qué posibilidad de pasos crees que tiene? Ninguna, enseguida se choca con el muro, por más que quiera avanzar.
Por eso, el primer paso es dejar de poner la mirada en el problema para ponerla en el Objetivo. ¿Qué es lo que sí quieres lograr? No lo que no quieres, no lo que no te gusta. No. Expresa en palabras lo que sí quieres tener. Siguiendo el símil que te ponía hace un momento, imagínate que a esa persona que está de cara a la pared, alguien le dice: "gírate, dale la espalda a la pared y dime hacia dónde quieres avanzar". Al girarse, al dejar de mirar la pared, su horizonte se amplía, es capaz de ver nuevos sitios y de decidir adónde quiere ir. Y luego, cuando lo defina, será capaz de desarrollar estrategias. Y será capaz de, a partir de esas estrategias, definir acciones que, como pequeños pasos, le llevarán allí donde ha dicho que quiere ir.
Por eso siempre el primer paso es decir dónde SÍ QUIERO ESTAR. Qué es lo que sí quiero conseguir (no lo que quiero no tener).
Te invito a que traigas a la mente una situación que quieres mejorar. ¿Dónde estás poniendo la mirada: en el problema (lo que no quieres, lo que quieres evitar) o en el objetivo (lo que sí quieres que haya en un tiempo, lo que quieres conseguir)? Un pequeño ejercicio que no te llevará mucho tiempo. Pero que será un primer paso que cambiará todo tu prisma, porque pasarás de mirar a la pared (y darte golpes con ella) a mirar el horizonte... y caminar hacia tu meta.
Y es que aquí hay un punto clave para lograr enfocar bien las cosas. Y es un punto en el que muchas veces, sin darnos cuenta, fallamos. Antes de centrarnos en el CÓMO, tenemos que conseguir el QUÉ.
El fallo es que, a veces, para conseguir mejorar algo, tenemos la mirada puesta en lo que no estoy haciendo bien, es decir, en el problema. Y queremos poner soluciones ya, nuestra intención es muy buena, tenemos ganas, estamos motivados... y aún así, no sabemos cómo hacerlo. Y, claro, nos desmoralizamos mucho. ¡¡Quiero mejorar, pero no lo consigo!!
Y es que estamos olvidando un punto clave, importantísimo, que marca la diferencia de forma clara y diametralmente opuesta. Y es un punto en el que, lamentablemente, también algunos coaches fallan también. Y por eso parece (parece) que el Coaching no está funcionando en esa persona.
Cuando me estoy enfocando en el problema, sólo veo problema. Sólo veo la situación que no estoy siendo capaz de superar. Y dificilmente con esa visión soy capaz de ver acciones que me pueden llevar a mejorar. Con un símil visual, te invito a que imagines a una persona que está mirando a una pared, casi pegado a ella. Su mirada está fija en el muro. ¿Qué horizonte crees que ve? ¿qué posibilidad de pasos crees que tiene? Ninguna, enseguida se choca con el muro, por más que quiera avanzar.
Por eso, el primer paso es dejar de poner la mirada en el problema para ponerla en el Objetivo. ¿Qué es lo que sí quieres lograr? No lo que no quieres, no lo que no te gusta. No. Expresa en palabras lo que sí quieres tener. Siguiendo el símil que te ponía hace un momento, imagínate que a esa persona que está de cara a la pared, alguien le dice: "gírate, dale la espalda a la pared y dime hacia dónde quieres avanzar". Al girarse, al dejar de mirar la pared, su horizonte se amplía, es capaz de ver nuevos sitios y de decidir adónde quiere ir. Y luego, cuando lo defina, será capaz de desarrollar estrategias. Y será capaz de, a partir de esas estrategias, definir acciones que, como pequeños pasos, le llevarán allí donde ha dicho que quiere ir.
Por eso siempre el primer paso es decir dónde SÍ QUIERO ESTAR. Qué es lo que sí quiero conseguir (no lo que quiero no tener).
Te invito a que traigas a la mente una situación que quieres mejorar. ¿Dónde estás poniendo la mirada: en el problema (lo que no quieres, lo que quieres evitar) o en el objetivo (lo que sí quieres que haya en un tiempo, lo que quieres conseguir)? Un pequeño ejercicio que no te llevará mucho tiempo. Pero que será un primer paso que cambiará todo tu prisma, porque pasarás de mirar a la pared (y darte golpes con ella) a mirar el horizonte... y caminar hacia tu meta.
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martes, 7 de febrero de 2012
Conciliar... o victima
A veces me rebelo con cosas que esta sociedad tiene y que, de alguna manera, están condicionando la vida de muchas personas.
Actualmente trabajo con un grupo bastante numeroso de directivos de una gran entidad, muchos de ellos mujeres, muchas de ellas jóvenes. Y esta entidad, al igual que otras muchísimas entidades españolas, busca que sus directivos estén a gusto, que vayan a trabajar con ganas, que saquen su mejor versión y que sean felices con lo que hacen. No por nada, simplemente porque saben que si la persona está a gusto, es feliz, su rendimiento y su profesionalidad se va a disparar.
Bien, pues uno de los temas que esta entidad está dispuesta a abordar de forma seria es el de la conciliación profesional y personal. Sin entrar en debate acerca del término (que no me gusta nada), es un tema muy serio en esta sociedad española. Muchísimas personas, casi me atrevería a decir el 90% de aquellos profesionales que no son funcionarios, tienen un horario laboral que hace que VIVAN todo el día en la empresa. Fijáos lo que he puesto: viven en la empresa. Viven por y para la empresa. Su hogar es un lugar al que van a descansar... y en el que, ¡vaya! resulta que me encuentro con mujer, o con marido, o con hijos, ...que me reclaman y no me dejan descansar.
Es un sistema insostenible. Una persona no puede estar saliendo de su casa a las 7:30 de la mañana (con suerte, en las grandes ciudades el madrugón es mucho mayor), pasar todo el día en la empresa y llegar a su casa, agotado y sin fuerzas, a las 20:30 (con suerte, en las grandes ciudades el margen es mayor aún) y pretender "conciliar" con una vida personal.
Insostenible de todas todas. Y sin embargo, es lo que estamos construyendo.
Ayer hablaba con una directiva. Hace unos meses tuvo su primer hijo. Se tomó sus 4 meses de baja de maternidad (ridículos 4 meses, ayer en "Madrileños por el mundo" decían que en Praga la baja de maternidad es de 3 años y medio), luego redujo 3 meses su jornada y ahora estaba ya a pleno rendimiento. Ella me decía: "vuelvo a rendir como dos personas". Y lo decía con una normalidad impresionante (¿Cómo puede alguien rendir como dos personas sin acabar desfallecido?).
Pero me lo decía con un ápice de tristeza y de rabia. La semana pasada habían tenido las evaluaciones y los bonus anuales que esta entidad hace, y le habían penalizado con dos puntos menos de su evaluación media anterior. Con la consecuente penalización económica. Y ella estaba dolida: "Es verdad que un proyecto no ha salido, pero yo estos meses no he estado en el equipo, estaba de baja maternal, yo no he sido responsable de que no saliera".Lo ha aceptado con resignación y ha vuelto a dar lo mejor de su profesionalidad: "a las 8 estoy en el puesto de trabajo y llego a casa a las 8:30, estoy un poco con mi hijo y luego me conecto para alguna cosa más de la oficina"
En España muchas veces pasan estas cosas: empresas que quieren favorecer la conciliación, pero que luego "penalizan" cosas relacionadas con ellas.
Me indigna, lo confieso, puesto que creo en un ser humano que necesita, de verdad, sentir que su vida está siendo más ámplia que su plano profesional. Que su vida es algo más que trabajar o ganar dinero. También pienso que un trans-atlántico es un barco demasiado grande como para moverlo de un ligero golpe de timón, es decir, que los cambios se van generando poco a poco. Y en ello estamos.
Eso sí, mientras tanto, seguiré apostando por personas que construyen su propia vida, que están dispuestos a asumir retos, a afrontar situaciones, a tener "perdidas" en unos lados, para tener "ganancias" en otros. Personas que asumen y aceptan que pueden ganar menos dinero si es a cambio de estar un poco de tiempo con sus hijos y su familia. Personas que asumen que pueden no ser tan bien considerados en la empresa (porque ya no gustará tanto un profesional que trabaja "sólo como una persona y no como dos"), pero que es a cambio de no perderse la vida de su familia, el crecimiento de sus hijos. Y que apuestan y toman decisiones.
Mira tu vida. Mira qué cosas estás aceptando y no quieres aceptar. Y comienza a dar pasos, todo lo grandes que te atrevas. Pero pasos. Tú puedes crear tu propia vida. Eso para mí es innegociable: el ser humano es un ser libre, capaz de crear y generar su propia vida. Y eso nadie se lo puede quitar. ¿Qué vida estás viviendo? ¿Estás viviendo la vida que quieres vivir? Y, si la respuesta es no... ¿qué vas a hacer para comenzar a vivir la vida que realmente deseas?
Y si al final decides no hacer nada... no entres en la víctima. NO. Eres libre y capaz de lograrlo. No culpes a otros. Otros te pondrán dificultades... pero incluso en las dificultades se puede lograr. Eres dueño de tu vida y de tu destino. TU DESTINO LO CREAS TÚ.
Actualmente trabajo con un grupo bastante numeroso de directivos de una gran entidad, muchos de ellos mujeres, muchas de ellas jóvenes. Y esta entidad, al igual que otras muchísimas entidades españolas, busca que sus directivos estén a gusto, que vayan a trabajar con ganas, que saquen su mejor versión y que sean felices con lo que hacen. No por nada, simplemente porque saben que si la persona está a gusto, es feliz, su rendimiento y su profesionalidad se va a disparar.
Bien, pues uno de los temas que esta entidad está dispuesta a abordar de forma seria es el de la conciliación profesional y personal. Sin entrar en debate acerca del término (que no me gusta nada), es un tema muy serio en esta sociedad española. Muchísimas personas, casi me atrevería a decir el 90% de aquellos profesionales que no son funcionarios, tienen un horario laboral que hace que VIVAN todo el día en la empresa. Fijáos lo que he puesto: viven en la empresa. Viven por y para la empresa. Su hogar es un lugar al que van a descansar... y en el que, ¡vaya! resulta que me encuentro con mujer, o con marido, o con hijos, ...que me reclaman y no me dejan descansar.
Es un sistema insostenible. Una persona no puede estar saliendo de su casa a las 7:30 de la mañana (con suerte, en las grandes ciudades el madrugón es mucho mayor), pasar todo el día en la empresa y llegar a su casa, agotado y sin fuerzas, a las 20:30 (con suerte, en las grandes ciudades el margen es mayor aún) y pretender "conciliar" con una vida personal.
Insostenible de todas todas. Y sin embargo, es lo que estamos construyendo.
Ayer hablaba con una directiva. Hace unos meses tuvo su primer hijo. Se tomó sus 4 meses de baja de maternidad (ridículos 4 meses, ayer en "Madrileños por el mundo" decían que en Praga la baja de maternidad es de 3 años y medio), luego redujo 3 meses su jornada y ahora estaba ya a pleno rendimiento. Ella me decía: "vuelvo a rendir como dos personas". Y lo decía con una normalidad impresionante (¿Cómo puede alguien rendir como dos personas sin acabar desfallecido?).
Pero me lo decía con un ápice de tristeza y de rabia. La semana pasada habían tenido las evaluaciones y los bonus anuales que esta entidad hace, y le habían penalizado con dos puntos menos de su evaluación media anterior. Con la consecuente penalización económica. Y ella estaba dolida: "Es verdad que un proyecto no ha salido, pero yo estos meses no he estado en el equipo, estaba de baja maternal, yo no he sido responsable de que no saliera".Lo ha aceptado con resignación y ha vuelto a dar lo mejor de su profesionalidad: "a las 8 estoy en el puesto de trabajo y llego a casa a las 8:30, estoy un poco con mi hijo y luego me conecto para alguna cosa más de la oficina"
En España muchas veces pasan estas cosas: empresas que quieren favorecer la conciliación, pero que luego "penalizan" cosas relacionadas con ellas.
Me indigna, lo confieso, puesto que creo en un ser humano que necesita, de verdad, sentir que su vida está siendo más ámplia que su plano profesional. Que su vida es algo más que trabajar o ganar dinero. También pienso que un trans-atlántico es un barco demasiado grande como para moverlo de un ligero golpe de timón, es decir, que los cambios se van generando poco a poco. Y en ello estamos.
Eso sí, mientras tanto, seguiré apostando por personas que construyen su propia vida, que están dispuestos a asumir retos, a afrontar situaciones, a tener "perdidas" en unos lados, para tener "ganancias" en otros. Personas que asumen y aceptan que pueden ganar menos dinero si es a cambio de estar un poco de tiempo con sus hijos y su familia. Personas que asumen que pueden no ser tan bien considerados en la empresa (porque ya no gustará tanto un profesional que trabaja "sólo como una persona y no como dos"), pero que es a cambio de no perderse la vida de su familia, el crecimiento de sus hijos. Y que apuestan y toman decisiones.
Mira tu vida. Mira qué cosas estás aceptando y no quieres aceptar. Y comienza a dar pasos, todo lo grandes que te atrevas. Pero pasos. Tú puedes crear tu propia vida. Eso para mí es innegociable: el ser humano es un ser libre, capaz de crear y generar su propia vida. Y eso nadie se lo puede quitar. ¿Qué vida estás viviendo? ¿Estás viviendo la vida que quieres vivir? Y, si la respuesta es no... ¿qué vas a hacer para comenzar a vivir la vida que realmente deseas?
Y si al final decides no hacer nada... no entres en la víctima. NO. Eres libre y capaz de lograrlo. No culpes a otros. Otros te pondrán dificultades... pero incluso en las dificultades se puede lograr. Eres dueño de tu vida y de tu destino. TU DESTINO LO CREAS TÚ.
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